Ploggin
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El plogging, una práctica que combina actividad física con recolección de residuos, está ganando fuerza en distintas ciudades del mundo. Nacido en Suecia hace menos de una década, este movimiento ha evolucionado hasta convertirse en una actividad comunitaria que promueve salud, conciencia ambiental y participación ciudadana. Grupos de corredores, familias y organizaciones locales se reúnen cada semana para recorrer parques, playas y calles mientras recogen desechos que encuentran en el camino.

 

En ciudades como Santiago, Barcelona y Singapur, los clubes de running han incorporado sesiones de plogging en sus calendarios habituales. La dinámica es sencilla: los participantes corren o caminan a un ritmo cómodo y, cada vez que ven basura, se detienen para recogerla. Este gesto, repetido decenas de veces durante la jornada, convierte la actividad en un ejercicio más completo, ya que implica flexiones, estiramientos y movimientos que complementan el entrenamiento cardiovascular.

Especialistas en salud destacan que el plogging mejora la resistencia, fortalece la musculatura y favorece la movilidad. La variación constante entre correr y agacharse activa distintos grupos musculares y ayuda a mantener la atención en el entorno. Para muchos participantes, esta práctica se siente más dinámica que una rutina tradicional, ya que cada recorrido presenta nuevos desafíos y oportunidades para actuar.

El impacto ambiental es uno de los aspectos más celebrados. En varias ciudades, los grupos de plogging han logrado retirar toneladas de residuos que, de otro modo, terminarían contaminando ecosistemas urbanos y naturales. Botellas, envoltorios, colillas y plásticos de un solo uso son los elementos más comunes. Para los organizadores, la clave está en demostrar que pequeñas acciones repetidas por muchas personas pueden generar cambios visibles en el paisaje.

La dimensión social también es relevante. El plogging ha creado comunidades donde personas de distintas edades se reúnen para compartir actividad física y compromiso ambiental. En algunos barrios, estas jornadas se han convertido en eventos familiares que incluyen juegos para niños, charlas educativas y actividades de reciclaje. La sensación de contribuir al bienestar colectivo fortalece la motivación y convierte la práctica en un hábito sostenido.

Empresas y municipios han comenzado a apoyar estos grupos mediante la entrega de guantes, bolsas reutilizables y puntos de acopio. En ciertos casos, se organizan competencias amistosas donde los equipos buscan recolectar la mayor cantidad de residuos, siempre priorizando la seguridad y el respeto por el entorno.

El auge del plogging demuestra que el ejercicio puede ser también una forma de cuidar el planeta. Cada paso, cada residuo recogido y cada jornada compartida refuerzan la idea de que la actividad física puede convertirse en una herramienta poderosa para construir ciudades más limpias y comunidades más conscientes.