
Felix Baumgartner, reconocido mundialmente por ser el primer hombre en ejecutar un salto libre desde el límite con el espacio, perdió la vida el pasado jueves al caer con su parapente motorizado en la piscina de un hotel del complejo turístico Clube del Sole Le Mimose, situado en la región italiana de Las Marcas (centro). El austriaco, de 56 años, se encontraba sobrevolando la zona cuando el aparato sufrió una repentina pérdida de control, estrellándose contra el agua frente a varios testigos.
De acuerdo con quienes presenciaron el incidente, la aeronave comenzó a girar de forma incontrolada y terminó sumergiéndose en la piscina, provocando un estruendo que alertó a los bañistas. Dos socorristas y otros trabajadores del hotel acudieron con rapidez al lugar, aunque los intentos de reanimación no lograron salvar la vida del deportista. Un empleado resultó con heridas leves durante las maniobras de rescate y fue atendido en el mismo complejo, mientras el resto de los huéspedes no sufrió daños y la piscina volvió a abrirse poco después.
Massimiliano Ciarpella, alcalde del pueblo de Porto Sant’Elpidio, donde ocurrió el incidente, señaló que, según los primeros indicios, Baumgartner podría haber experimentado un problema de salud mientras pilotaba, aunque hasta ahora no existe una hipótesis oficial. El mandatario local lamentó el suceso y describió a Baumgartner como “un símbolo de valentía y pasión por los vuelos extremos”.
La trayectoria de Baumgartner se consolidó en octubre de 2012, cuando completó un salto en paracaídas desde un globo aerostático a 38 kilómetros de altura, convirtiéndose en el primer humano en superar la velocidad del sonido en caída libre. Esa histórica hazaña, ejecutada sobre Roswell (Nuevo México), registró un descenso de nueve minutos y una velocidad máxima superior a 1343 km/h, en coincidencia con el aniversario del primer vuelo supersónico realizado por Chuck Yeager en 1947.
A lo largo de su carrera completó miles de saltos desde aviones, puentes, rascacielos y puntos tan emblemáticos como la estatua del Cristo Redentor en Brasil o las Torres Petronas en Kuala Lumpur, Malasia. En años recientes, se desempeñó como piloto de helicópteros acrobáticos con el equipo Flying Bulls, financiado por la marca Red Bull.
Más allá de sus logros deportivos, el austriaco generó polémica por sus posturas políticas y sociales. Fue un crítico acérrimo de las políticas contra el cambio climático, expresándose activamente en contra de los partidos verdes y de los derechos LGBTQ+. Asimismo, en 2016, sugirió conceder un premio Nobel de la Paz al primer ministro húngaro, Viktor Orbán, por sus férreas políticas migratorias.
